La piña y el desfiladero

cháchara IA

Si la Inteligencia Artificial fuese realmente Inteligencia podría ser nuestro doctor, nuestro consejero espiritual, nuestro mecánico... Los consejeros YouTuber, los influencers, los sacerdotes, no existirían. Nos daría nuestro cóctel perfecto, el peinado que mejor nos queda o la respuesta correcta a cuántos Estados contienen la letra R. O cuál es el mejor tratamiento contra el acné.
No es que no quiera, es que ni puede. Si pudiese, no haría falta alimentarla con toda la cháchara incomible de Internet; con todas las mentiras, estupideces y fascismo que encontramos ahí fuera.
Bastaría con haberle dado corpus científico, haberle proporcionado solo aquello que se considera conocimiento científico estrictamente probado.
Pero entonces no satisfaría a todos aquellos que usan la IA para que les diga lo que quieren oír. La IA siempre pide disculpas, pase lo que pase, porque no puede estar convencida de nada. Como ya hemos dicho antes, es incapaz de comprender el concepto de verdad y el concepto de hecho.
Así, lo que necesita la IA para hacer su "trabajo" es ruido. El ruido enorme de una humanidad vertiendo sus dudas, su bondad pero también su horror a las naves digitales. Para continuar, amplificar y honrar ese ruido, la IA es un horóscopo, una ruleta antropomórfica que tarda bien poco en marcar la casilla del error, el racismo o la maldad.