La piña y el desfiladero

Contra los falsos luditas

Es muy fácil desconfiar de la tecnología. Estar todo el tiempo hablando de nazis como Musk o de imbéciles como Zuckerberg nos lleva a pensar en una Internet llena de peligros, origen de toda maldad, causa de todos los males. Pero ha llegado el momento de empezar a desconfiar del continuo bombardeo sobre el apocalipsis, de la constante amenaza, de la permanente sensación de que todo se ha ido al garete.
Hoy me levanto y en Mastodon encuentro esto: una petición de ayuda para aprender a dibujar. Y la gente respondiendo, enseñando cosas geniales, herramientas, libros, vídeos, hablando sobre personas y personajes. Pienso en MetaFilter. Y en el servicio que hospeda este blog. Y en el fediverso. Y en muchas cosas más. Entonces pienso en los de la melancolía, en los que dicen que ya nada podrá ser como era antes de las redes sociales. Pero en realidad todavía lo es. Bluesky, especialmente el Bluesky español, cada día que pasa se parece más al lugar en el que la gente lucha por hacer triunfar su ego con chistes rancios vendidos como ingeniosos, con sus cohortes de lameculos renqueantes mientras cosas interesantes pasan bastante desapercibidas. Se le echó la culpa a Musk de que el algoritmo no dejaba ver el bosque, pero en Bluesky no se repostea nada con menos de 500 likes. Cómo nos conocemos, bribones.
Mi cuñado, señor bastante mayor, finge despreciar los móviles, el WhatsApp etc. Pero es un falso ludita, que simplemente no sabe o no quiere usar la tecnología y finge que no le gusta usarla.
Todos son falsos luditas. Recordando un pasado que nunca existió, o recreando melancólicamente el pleistoceno del influencer tuitero en Bluesky, estos falsos luditas ocultan su pereza y su falta de compromiso con nuestra realidad digital. Insultan a Musk mientras disuelven su desgana en la nueva plataforma de moda. Buscan la gloria del influencer sin el estigma del instagramero. Sonríen con suficiencia acusando a la gente que habla del fediverso de nerds flipados para ocultar que son demasiado perezosos para salir de su zona de seguridad, y demasiado triunfadores para reconocer que solo quieren recrear una y otra vez, como sísifos chistosos, lo que nos trajo aquí la primera vez.