Murcia y la contracultura
Mi ciudad tiene un movimiento contracultural fuerte. Sus instituciones son ultraconservadoras, y por ello cualquier cosa un poco díscola ha de moverse en los márgenes. Con los años esto ha ido a peor. Esa actividad distinta, contracultural, ha terminado replegándose en clubs, asociaciones o recovecos digitales. Queda ahora tan en los márgenes que cualquier paseo por el centro de la ciudad se ha convertido en un ejercicio de masoquismo: esquivar a pijos maleducados y luces promocionadas mientras los comercios se visten de falso jolgorio es ya un trabajo agotador. El pijo murciano es correoso: ante el visitante se disfraza de hospitalario y multicultural, pero en su paseo dominical muestra su cerrazón paleta de puerta de iglesia. Me gustaría que la ciudad fuese para todos, como antes.¿O no era así antes? El club protege al diferente, como debe ser. Pero por desgracia el espacio común se queda vacío de vida y lleno de imbéciles.