Últimos días en Nueva París
Cuando vi por primera vez la imagen de los traidores e insurgentes del 6J entrar y arrasar el Capitolio y pasear por el edificio con toda libertad con sus banderas confederadas y sus correas zip preparadas para detener y ejecutar a cualquier político que impidiese el libre ejercicio de ser un fascista, el surrealismo de la situación me mantuvo en una cierta situación de euforia.
Fui terriblemente fatalista en el momento, pero en cuanto los nazis se disolvieron y retiraron gracias a una serie de afortunadas desdichas -especial y básicamente la cobardía de Trump- pensé en un momento excepcional que estuvo cerca de ser un momento bisagra de la historia pero que probablemente no aparecería en los libros de historia de las generaciones futuras.
Pero ahora Trump quiere pagar millones a todos esos traidores a su patria, una especie de compensación por servicios prestados disfrazados de indemnizaciones por abuso de autoridad.
En realidad se trata de un pago por futuros servicios, quien sabe si en los midterms o en las generales. En las noticias sobre esas indemnizaciones aparecen de nuevo imágenes de la insurrección. Observo esas fotos del 6J y me siento como el Thibaut de Los Últimos días de Nueva París cuando contempla a los nazis en el Arco del Triunfo y le parecen una obra de Agitprop, y no la promesa del futuro que se vino después.